Maestra Patricia Díaz.

Las investigaciones desarrolladas para tratar de comprender al ser humano tomando como punto focal al cuerpo han sido cada vez más diversas y precisas creando clasificaciones desde muy diferentes parámetros, como por ejemplo, las  clasificaciones corporales de los temperamentos de Hipócrates, bilioso, nervioso, sanguíneo y linfático.

En el terreno de la Psicología también se han desarrollado diferentes tipos de  clasificaciones para tratar de comprender el comportamiento del ser Humano, una de ellas y de singular importancia en el desarrollo del trabajo psico-corporal es sin duda la desarrollada por  Sigmund Freud (1908), quien desarrolló   una teoría general sobre el desarrollo del carácter [1] basándose en las relaciones de ciertos aspectos del funcionamiento psicológico (La dificultad para controlar los esfínteres) con rasgos persistentes de la personalidad (carácter) como el ser pulcros, ordenados, avaros, etc. En su planteamiento sostenía que los rasgos característicos que observaba eran una expresión directa de las pulsiones instintivas, reacciones contra ellas o movimientos de sublimación  de las mismas.

Se puede considerar que fue Wilhelm Reich, también discípulo de Freud quien involucró al cuerpo  como sujeto activo en el proceso psicoterapéutico desarrollando los mapas del carácter.

Sus aportaciones fueron fundamentales subrayando que:

  1. El carácter resulta del conflicto entre los impulsos naturales del niño y las restricciones que la sociedad le impone.

Desde esta perspectiva “…el carácter representa el modo de ser de un individuo, una expresión de la totalidad de su pasado” [2]

Comprender el carácter como un endurecimiento del Yo que a su vez acoraza al cuerpo. Para Reich el carácter o actitud Psíquica mantiene una plena identidad con la coraza (actitud y estructura del cuerpo) y se manifiesta en forma de músculos crónicamente tensos, flácidos o súper excitables, que impiden ciertas conductas y que hacen que otras se vuelvan no solo características, sino inflexibles.

Dichas tensiones crónicas y alteraciones en el funcionamiento del sistema vegetativo  van conformando patrones típicos de funcionamiento y expresión en el cuerpo físico, alterando su equilibrio funcional  y su capacidad de experiencia vital.

[1] Galindo Jorge, Guía de estudio para sistemas caracterológicos de defensa., México DF. Pág.  3-6.

[2] Ibíd.1995,  Pág. 66

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